Chavín de Huántar es el centro milenario de peregrinación y aprendizaje, a través de varias plantas sagradas (como la Wachuma), aquí en el Abya Yala. La Cultura Chavin, donde se originó, tiene 3500 años de antigüedad, según los estudios, y los 700 años de construcciones en etapas sucesivas, que demandó el templo, sucedieron entre el 1200 y 500 AC, cuando fue abandonado. No es la cultura más antigua, no, ya que Sechín y Caral son anteriores a aquella.
Está ubicado en la zona centro-oriental de la región Áncash (provincia de Huari), a casi 3.200 mts. de altura, sobre la vertiente oriental de la Cordillera Blanca, marcando el inicio al Callejón de Conchucos. Así es porque al Oeste está la Cordillera Blanca (que lo separa del Callejón del Huaylas), y al Este la Cordillera Negra.
Precisamente atravesando el túnel de Cahuish, a 4500 mts de altura sobre la Cordillera Blanca, uno “amanece” a la vista del otro lado, donde se encuentra Chavín.
Este templo milenario, dentro del sitio arqueológico, se erige sobre una loma, originada por la confluencia de 2 ríos, el Mosna y el Huanchecsa, dando origen al río Marañon, precisamente.
La confluencia de los ríos discurre hacia hacia un piso ecológico selvático, y uno de los orígenes de las corrientes poblacionales de este lugar, distante 4 días caminando.
La otra corriente poblacional, originaria de la costa y del callejón del Huaylas, dista también a 4 días caminando. Es así, que esta posición estratégica donde está el templo, es una confluencia de rutas entre pisos ecológicos, de comercio, de intercambios.
Su finalidad, de aprendizaje y peregrinación. Su sentido sagrado se ve en su arquitectura: plataformas, escalinatas, plazas, que albergaron a muchas personas concurrentemente. Pasajes, galerías y ductos de aire y agua, fueron usados para ritos (efectos sensoriales, de aislación de las actividades del mundo externo y del interno, de la luz y de la oscuridad, que incluía el uso de plantas psicoactivas) y todo un sistema de creencias, con símbolos y significados.
Aprovechando estos diez días de conexión, hablo con Ysaac, mi guía local, nacido aquí, estudioso de Chavín, wachumero, y con amor a su territorio.
Tenemos lo que queda de los muros, sobre una plaza rectangular, divididos en 2 construcciones principales: el denominado templo viejo, y el templo nuevo, que igualmente, son contemporáneos y fueron desarrollados en capas sucesivas. Sus paredes enterradas, no visibles tienen 6 mts. de profundidad, y la parte visible, otros 4 mts. hacia arriba, en lo que son los muros exteriores, en una disposición piramidal, de aproximadamente 70 mts de lado. Todo variable según los sectores, muchos de los cuales, permanecen enterrados aún, por descubrirse.
Exteriormente, una inclinación de 7° en todo su perímetro exterior puede visualizarse. Esta inclinación, como el relleno de piedras y tierra interno de los muros, amortiguan en parte, absorben la energía de los movimientos sísmicos, y eventuales impactos de desbordes y aludes (el último de estos ocurrió en Enero de 1945, pegó de lleno en la pirámide mayor, llevándose consigo una gran parte de los muros, y enterrando otros sectores). Es muy probable, que el abandono del sitio por la Cultura Chavín, y posteriores reutilizaciones de otras culturas, sucesivamente, haya sido justamente la exposición a estos fenómenos naturales habituales.
Construido exteriormente con piedra negra y blanca, marcan la presencia en dualidad de las energías masculinas y femeninas, tanto en sacerdotes y sacerdotisas que aquí habitaban, y se vé simbólicamente en la presencia de las únicas 2 columnas cilíndricas de piedra tallada preincaica, cuyas representaciones son en pareja, masculino y femenino, en el arco principal del lado Este del templo mayor, la Puerta de las Falcónidas.
En su interior hay más de 26 galerías subterráneas descubiertas hasta hoy.
En el exterior de los templos, hacia el Este justamente, tenemos una cancha o plaza rectangular de casi de 50 mts. de lado, por una profundidad de más de 2 metros. Posee escalinata para bajar a su nivel, y la rodean sumideros en las esquinas, con canales de escurrimiento, que derivan finalmente las aguas, hacia uno de los ríos.
Los estudios proponen también su uso ritual, con efectos de sonido al paso del agua, por esos canales: el agua como elemento partícipe en las ceremonias. También, que la clase sacerdotal, esto es, sacerdotes y sacerdotisas, danzaban, cantaban, ritualizaban, sí, en un estado de conciencia accedido a través de la ingesta de wachuma, vilca y floripondios, cuyos restos se han verificado en las excavaciones arqueológicas, en la zona de los templos.
Alrededor de esa pileta o cancha principal rectangular, también tenemos gradas y tribunas: de un lado, tallada con piedra negra, y del lado opuesto de piedra blanca, sí, también con gradas, indicando un nivel jerárquico, ya no reservado a la clase sacerdotal, sino a invitados y visitantes.
La galería más significativa aquí en Chavín es la galería del denominado “Lanzón”, nombre con el que se conoce al monolito deidad. Con él representaban a su dios, una pieza tallada en piedra de algo más de 4.5 mts. de altura, con su cara sonriente mirando hacia el Este. En la frente, tiene una chakana tallada. Y es la misma geometría del espacio donde está enclavado el Lanzón: en un cruce de galerías, a 4 direcciones, un espacio puente. La galería está cubierta. El Lanzón marca el centro.
Esta centralidad de la deidad, con su base en el piso y su parte superior que penetra el techo, además sugiere un axis mundi, uniendo el mundo de arriba, (Hanan Pacha) con el mundo de aquí (Kay Pacha) y el mundo de abajo o contenido (Uku Pacha). Así, “vinculando el agua y el fuego, los truenos y relámpagos, las estrellas y las piedras, los nevados y los manantiales, las montañas, los animales y los hombres”.
Entre el templo viejo y el templo nuevo, hay un espacio circular, pequeño, también hundido en la tierra, en bajo nivel, que sería solo accesible a los sacerdotes y las sacerdotisas, como espacio privado, también con escalinatas.
Chavin solo está descubierto en un 30%, sí. La cantidad y calidad de construcción de sus galerías, a hoy, con uso de ménsula y doble ménsula, con disposiciones con pequeñas habitaciones, o salas, y conectadas con galerías de aire para refrescar, permiten deducir un uso de preparación y rehabilitación tras los rituales, como también de almacenamiento como graneros.
A modo de descripción situada, hay un punto que también ubicamos al Este, sobre uno de los cerros, donde hay un sitio sagrado, que está en línea imaginaria exactamente con la división de escalinatas de piedra negra y piedra blanca de la puerta de las Falcónidas, atraviesa la Plaza Mayor, y sube hacia ese punto en la loma del cerro, en una continuación imaginaria. Marca la salida del Sol, en distintos momentos del año, a modo de calendario lunar, y con fines agrícolas.
Las estelas talladas, encontradas aquí, poseen motivos de cabeza de jaguar o felino, garras de pájaros como el águila o halcón, y serpientes. Estos 3 animales (jaguar, águila y serpiente) marcan el amaru, ser mítico, conformado por todos aquellos.
Como lugar de aprendizaje, de formación, al número 7 lo vamos a haber representado a través de las 7 serpientes. También encontraremos a 2 serpientes enroscadas, una con otra, en forma de caduceo (sí, mismo de la tradición mesopotámica) . Es el despertar de lo que llamamos chakras, de 1 en 1, para ver lo que está más allá de la mente.
Es el espíritu, el espíritu del animal totémico, del jaguar, el espíritu del águila y el espíritu de la serpiente, conformados como amaru. Vamos a ver representados también a seres antropomórficos en Chavín, que, teniendo la cabeza de un jaguar, por ejemplo, tienen en su mano una cabeza humana cortada. El significado del símbolo es “cortamos la mente para dar paso al espíritu”, que nos habla a través de estados inducidos.
Con hojita de coca y con tabacos dulcificamos las palabras, entramos en conexión, pedimos permiso al espacio-tiempo. Y charlamos, charlamos con Ysaac, nacido aquí, en su tradición, en su historia, en su interpretación, en sus tantas ceremonias de wachumero, de contacto y aprendizaje, acerca de cómo está, como se vive hoy la tradición de la cultura Chavín.
Ya desaparecida aquí hace 2500 años, permanecen las prácticas y búsquedas. Entre cerros, entre confluencias de ríos, en rocas milenarias, en prácticas de silencio, en estados ampliados de conciencia, sigue siendo un lugar, un tiempo, un territorio. Territorio que empieza adentro, siempre lo sagrado está hacia adentro, siempre el aprendizaje es hacia adentro, afuera se marca una forma, una imagen. La interpretación es nuestra, la experiencia nuestra es donde conectamos con el territorio. Somos uno indistinguible con el Todo, en esta vivencia de la wachuma. Wachuma que crece aquí, en las laderas.
“Asi como la Meca es para el Islam, para los árabes; al igual que el Vaticano para los Católicos, es su sitio de peregrinación de una vez en la vida, venir a aprender a Chavín y a conectarse con los espíritus del territorio, es el lugar en el Abya Yala”
¿Qué es el territorio? Somos el territorio. El lenguaje de la cultura está en la naturaleza. El espíritu está en el territorio. Danzamos, cantamos, bailamos, conectamos, agradecemos en cada lugar. Somos en cuerpo, somos en territorio.
¡Que los abuelos wachumeros nos colmen de bendiciones!





